La viga en el ojo
La viga en el ojo
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Pero hay un detalle: ese país se llama oficialmente Estados Unidos… Mexicanos. Sí, ese país es México.
Veamos: “Un país que niega a los extranjeros igualdad en sus derechos laborales”. El artículo 32 de nuestra Constitución dice literalmente que “Los mexicanos serán preferidos a los extranjeros en igualdad de circunstancias, para toda clase de concesiones y para todos los empleos, cargos o comisiones de gobierno en que no sea indispensable la calidad de ciudadano.” Y eso sólo para los empleos en los que no sea condición indispensable ser ciudadano, porque hay muchos, relevantes o ridículos, para los cuales dicha condición es indispensable: “Para pertenecer al activo del Ejército en tiempo de paz y al de la Armada o al de la Fuerza Aérea en todo momento, o desempeñar cualquier cargo o comisión en ellos, se requiere ser mexicano por nacimiento.” Mismo artículo 32. Pero hay más: “Esta misma calidad (mexicano por nacimiento) será indispensable en capitanes, pilotos, patrones, maquinistas, mecánicos y, de una manera general, para todo el personal que tripule cualquier embarcación o aeronave que se ampare con la bandera o insignia mercante mexicana. Será también necesaria para desempeñar los cargos de capitán de puerto y todos los servicios de practicaje y comandante de aeródromo.” No se trata de un artículo de la Constitución de esos olvidados allí desde tiempos de Venustiano Carranza, pues fue reformado en 1997.
“Un país que prohíbe a los extranjeros participar en la política”. Esto todos los mexicanos lo sabemos y estamos convencidos de que así debe ser, aunque veamos con buenos ojos la participación en la política de mexicanos en el extranjero. El artículo 9 de nuestra Constitución dice: “Solamente los ciudadanos de la República podrán (asociarse o reunirse pacíficamente) para tomar parte en los asuntos políticos del país”. El artículo 33 dice: “Los extranjeros no podrán de ninguna manera inmiscuirse en los asuntos políticos del país.” Si, por ejemplo, nuestro Congreso debate una ley, ningún extranjero podrá marchar pacíficamente para influir en ese debate, como están haciendo los mexicanos en EUA.
“Un país que hace sujetos de deportación sin juicio previo a los extranjeros”. He aquí una joya de nuestra Constitución: “El Ejecutivo de la Unión tendrá la facultad exclusiva de hacer abandonar el territorio nacional, inmediatamente y sin necesidad de juicio previo, a todo extranjero cuya permanencia juzgue inconveniente.” Así nomás, porque sí. ¿Nos imaginamos que es lo que haría un Ejecutivo de EUA con un instrumento legal de esta naturaleza?
El artículo 11 también llama la atención, pues elimina el derecho para entrar en la República, salir de ella, viajar por su territorio y mudar de residencia a “los extranjeros perniciosos residentes en el país”. Es el único artículo de la Constitución que emplea el adjetivo “pernicioso”, reservado en exclusiva para los extranjeros.
“Un país que les retira la nacionalidad a aquellos que la obtienen pero que se ausentan”. Muchos mexicanos trabajan en EUA y vuelven después de varios años. Si nacieron mexicanos, no tienen problema, pero si son mexicanos naturalizados pueden perder su nacionalidad. El artículo 37 dice que: “La nacionalidad mexicana por naturalización se perderá… por residir durante cinco años continuos en el extranjero”.
Los mexicanos que no lo sean por nacimiento, es decir, los mexicanos de segunda, que lo son sin haber nacido aquí, no pueden ser diputados (según el artículo 55), ni miembros del gabinete (según el artículo 91), ni tampoco Ministro de la Suprema Corte (según el artículo 95). Y aún así, seguimos soñando con que el hijo de un migrante mexicano llegue alguna vez a la Presidencia de los EUA. (Carlos Gutiérrez, nacido en la Habana, es hoy Secretario de Comercio en dicho país. Otro hispano, hijo de albañiles y nieto de mexicanos, es Attorney General, o sea, Procurador General. ¿Cuántos miembros de nuestros gabinetes han sido hijos de albañiles?)
“Un país que reduce el derecho a la propiedad privada de los extranjeros”. Asimismo, los extranjeros no tienen los mismos derechos a la propiedad que los mexicanos. Según el larguísimo y paranoico artículo 27 de la Constitución, “Sólo los mexicanos por nacimiento o por naturalización y las sociedades mexicanas tienen derecho para adquirir el dominio de las tierras, aguas y sus accesiones (sic) o para obtener concesiones de explotación de minas o aguas.” Igualmente, “en una faja de cien kilómetros a lo largo de las fronteras y de cincuenta en las playas, por ningún motivo podrán los extranjeros adquirir el dominio directo sobre tierras y aguas.”
Todas estas disposiciones son apenas el antídoto que le tenemos reservado a los extranjeros a nivel constitucional. Pero la legislación también da rienda suelta a nuestra xenofobia a nivel de leyes secundarias de todo tipo. De esa infamia legal, que nos parece tan razonable aplicar en nuestro territorio, pero tan injusto que pretenda emularse en otros lugares, podremos hablar en otra ocasión.
Por el momento sigo preguntándome por qué nos sentimos tan orgullosos de que ahora nuestro país exporte también manifestantes. No sé si hay algo que no funciona en mi alma o en mi cerebro, pero confieso, con sinceridad, que ver los ríos de hispanos cubriendo las calles de EUA no me provoca ni orgullo, ni solidaridad, ni ningún otro sentimiento noble, a menos que se considere noble la vergüenza de sentir, en el propio ojo, la viga, y criticar, en el ajeno, la paja.


8 Comments:
Muy cierto y muy triste. Una vez, trabajando en México, contraté a un ingeniero para dar una materia en la universidad donde yo trabajaba. Aunque yo sabía que él era un residente mexicano originario de Argentina nunca imaginé que esto iba a traer consigo una serie de pasos burocráticos terribles. El peor de ellos era que a este señor le cobraban una cuota que era algo así como la 3a parte de lo que iba a recibir por dar el curso.
Sumamente interesante. El problema es que esta reflexión no cae para nada en el populismo que nuestros queridos y H H candidatos ahora están repartiendo por todos lados.
Imagina si alguno de ellos expusiera este razonamiento. De entreguista no lo bajarían.
Estoy impresionado por la calidad de este blog. Referente al tema creo que un mundo globalizado necesita leyes universales. No puede ser que las mercancías viajen en avión y los trabajadores en balsas. Mi análisis es demagógico por corto, lo sé, pero este es el debate.
Órale, por Lino (hasta arriba, jeje) me enteré de tu blog. Cuando tenía tele, seguíate por Azteca y el 22, pero pos ahora me será más fácil el seguirte por aquí. Bueno, mientras postees.
Caray, cuánta razón encierras en las opiniones. Como que sufrimos de astigmatismo o algo así al juzgar a otros. Y me incluyo. Nomás hay que pensar tantito para cambiar las cosas en el mundo no?.
Saludos! sigo leyendote.
Hey no sabia que tenias blog, lo encontre por casualidad, me encantaba verte en la dichosa palabra. Bueno eso es lo maravilloso del internet... con respecto al articulo se que tienes razón y si, nuestras leyes son xenofobicas pero siempre hemos sido un estado debil e intervenido de las mas diversas formas por otras potencias por eso ese tipo de leyes estan ahí, ojala esto cambie y nos quitemos el complejo de pais invadido pero creo que no va a ser pronto...
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Es una lastima que las cosas sean asi, creen que haya algo para que cambien?
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